miércoles, 30 de noviembre de 2011

Acudí a tu auxilio en forma inmediata. "Hola ¿qué tal?" tu sonrisa, y perdí por goleada. Te apoderaste al instante de mi ocio y al fin y al cabo pude entender que hiciste negocio
Una ráfaga de balas seductoras no lograban vulnerar una coraza idiota, y con mi inseguridad ya a la miseria fuimos por un café juntos los tres, vos, yo y tu histeria.
Sin mucho más que hablar nos despedimos, comprobé que ya era inútil extender ese partido. Colgué los timbo y bajé la persiana, sin embargo tu autoestima cascoteó mi ventana.
Sugerías necesitar mi delirio, para ganar espacio me mostré cual tipo tibio, empezó a inquietarte mi nueva conducta pero caí derrotado por tus brotes de astucia.
¿Quién dijo que no se puede combinar inconstancia, inconsciencia y lealtad? Que es imposible dar un paseo un día tu cielo, un día mi infierno. Estoy seguro compañero, y me juego mi alma loca, que no debe existir boca como ésta en el mundo entero 

No hay comentarios:

Publicar un comentario